EJÉRCITO BRASILEÑO TRES SIGLOS Y MEDIO DE GLORIAS

TCnel. Inf. DEM Humberto B. Leal

 

El día 19 de abril de 1998, el Ejército Brasileño cumplió trescientos cincuenta años de vida. Durante estos tres siglos y medio de existencia, este Ejército ha cumplido con honor su misión constitucional, plasmada en las tareas de defender la patria, garantizar la ley, el orden y los poderes constitucionales, cooperar con el desarrollo nacional y con la defensa civil y participar de operaciones de mantenimiento de la paz.

Echando un vistazo a la Historia de América y de Brasil, recordamos que, en el año de 1580, las Coronas Portuguesa y Española se unieron, en medio de las turbulencias políticas en Europa, al mismo tiempo que Holanda proclamaba su Independencia de España. A causa de eso, y como represalia, los españoles les prohibieron a los holandeses el acceso a los puertos de Brasil y Portugal, lo que afectó mucho económicamente a Holanda, una vez que ésta había participado intensivamente de las inversiones en las empresas de caña de azúcar en la región noreste de Brasil.

Como en esta misma época España se había involucrado en guerras contra Holanda e Inglaterra, además de participar en los conflictos religiosos en Francia, sus enemigos reaccionaron atacando duramente a las colonias portuguesasespañolas. Los ingleses, franceses y holandeses desencadenaron acciones militares en contra del Nuevo Mundo, incluyéndose la piratería en el mar.

Los holandeses vendrían a crear la "Compañía de las Indias Occidentales" la cual constituyó el principal aporte económico a las acciones militares de Holanda contra el mundo colonial portuguésespañol. Eso, según los historiadores, se constituyó en la más significativa amenaza al dominio hispanoportugués en Brasil.

Los holandeses invadieron la región noreste de Brasil, en el año de 1624, en una tentativa que no logró el éxito esperado. Sin embargo, insistieron en sus propósitos, en 1630, y después de siete años de luchas, lograron ejercer un dominio sobre toda la región noreste de Brasil, con la excepción de lo que hoy es el Estado de Bahía. Este dominio se mantendría entre 1637 y 1644, pero pasó a desvanecerse a partir del fin de la Guerra de los Treinta Años, en Europa, y con la crisis económica resultante en territorio europeo. Holanda, de forma inmediata, aumentó los impuestos y las tasas exigidas a los productores brasileños de caña de azúcar, generando el descontento y estimulando el recrudecimiento de la resistencia interna que nunca había cesado durante todo el tiempo de la ocupación.

Se desencadenó, de esta forma, la guerra de resistencia al invasor, que en aquel entonces disponía de un envidiable poder bélico y de la capacidad de imponer su voluntad dondequiera con el fin de alcanzar sus propósitos económicos. Contra este invasor poderoso, se unieron el negro Henrique Días, el indio Felipe Camarão y el blanco André Vidal de Negreiros, los cuales plasmaron, en la guerra, la propia expresión de nuestra integración racial.

Se emprendió inicialmente una guerra de guerrilla, tipo de combate hasta hoy día dominado por las fuerzas brasileñas, y enseguida se pasó a las batallas en campos abiertos. Los brasileños supieron imponer al enemigo duros reveses, como fueron los casos de la Batalla del Cerro de las Tabocas (1645) y las dos Batallas de Guararapes (164849). La expulsión definitiva del invasor más poderoso marcó profundamente el origen del Ejército Brasileño, y eso hasta nuestros días ha estimulado a las nuevas generaciones a que mantengan la misma fe en nuestra capacidad y creatividad para enfrentar y vencer a cualquier tipo de enemigo, regular o irregular, que amenace al Estado Brasileño, no importa cuan poderoso pueda ser. Este origen tan marcado de sangre y de sacrificio de un pueblo en armas es recordado, en todos los cuarteles brasileños, el 19 de abril de cada año: allá, desde la jungla de la Amazonia hasta la Pampa del Sur, cada uno de nosotros se compromete con el lema de Guararapes:

"¡Hicimos ayer! ¡Lo haremos siempre!"

A continuación, el Ejército Brasileño ejerció un papel importante en la unidad nacional, después de la Independencia y durante el Período Regencial que se siguió al fin del Primer Reinado, una época marcada por turbulencias políticas internas, en la cual se multiplicaban las tentativas de sediciones. Se encargó, entonces, al Mariscal Luis Alves de Lima y Silva, el Duque de Caxias, nuestro Prócer Mayor, de reprimir los intentos de desagregación nacional y de pacificar las regiones afectadas. Fue este hombre, tanto en los campos de batalla como en los foros políticos, el gran defensor de la unidad y de la integridad territorial del Brasil.

En las postrimerías del Segundo Reinado, el Ejército Brasileño cooperó decisivamente para que la Princesa Isabel firmara la "Ley Áurea", el 13 de mayo de 1888, que puso fin a la esclavitud en el país. Decisiva fue la petición del Ejército a la Princesa en el sentido de que los militares no persiguieran a los esclavos prófugos. Se acababa así una fase vergonzosa de la explotación humana por medio del propio hombre.

En el año siguiente, 1889, el Ejército Brasileño, habiendo asimilado ideales republicanos luego de la Guerra de la Triple Alianza, tuvo un papel importante en el proceso que dio fin a la Monarquía e implementó a la República, desempeñando, en la ocasión, el papel moderador que garantizó la supervivencia de las Instituciones del Estado.

. En el presente siglo, estuvo en las Dos Guerras Mundiales, destacándose en la Segunda, cuando una Fuerza Expedicionaria Brasileña combatió, al lado del V Ejército de los Estados Unidos de América en los campos de batalla de Italia. A pesar de sus 400 bajas por muerte en combate, las fuerzas brasileñas lograron hacer más de quince mil prisioneros de guerra y capturar a dos divisiones enemigas.

En los años 60 y 70, en el difícil entorno de la Guerra Fría, época en que las naciones latinoamericanas se vieron involucradas en un conflicto ideológico generado fuera de su territorio, el Ejército Brasileño tomó para sí la responsabilidad de enfrentar a la amenaza comunista. Fue una guerra polémica, de reglas no siempre muy claras, que produjo, desafortunadamente, heridas y divisiones entre las gentes, algunas que tal vez exijan algún tiempo para que se transformen en cicatrices y lecciones imborrables. La Historia, sin embargo, habrá de demostrar cabalmente que valió la pena luchar contra una ideología que, aunque predicase la igualdad de las clases sociales y el fin de toda injusticia humana, en verdad sólo se impuso por medio del radicalismo, de las armas y de la tiranía, cosas inaceptables en un mundo libre y democrático. El derribo del Muro de Berlín, en 1989, los cambios en todo el mundo comunista y el fin de la Unión Soviética vendrían, posteriormente, a constituirse en pruebas intachables de que, en esencia, el combate contra el comunismo representó un paso importante para la implementación de la Democracia.

Recientemente, el Ejército Brasileño, considerando las nuevas circunstancias que han conformado el entorno geopolítico mundial, ha tomado parte activamente de las operaciones de mantenimiento de la paz, destacándose su participación en Angola, Mozambique, América Central y en el conflicto en la frontera entre los hermanos países de Perú y Ecuador. Los salvadoreños habrán de recordarse de la participación de los militares brasileños en la ONUSAL, por ocasión de la implementación de los Acuerdos de Paz, en el inicio de la presente década.

Además de sus misiones específicamente militares, el Ejército Brasileño siempre ha cooperado con el desarrollo del Brasil, con aportes significativos en la infraestructura económica, construyendo obras en regiones remotas en donde nunca llega la iniciativa privada. Son ejemplos de estas obras la construcción de carreteras, ferrocarriles, puentes, túneles, instalaciones portuarias, pozos, tuberías de aguas, cloacas, demarcación de áreas lejanas y los trabajos de cartografía. Asimismo, ha estado mano a mano con la Defensa Civil y con el pueblo en las calamidades y en los programas sociales cuyo propósito primordial es disminuir las injusticias y promover la igualdad de oportunidades para todos.

Finalmente, ahora que el próximo siglo se acerca y surgen desafíos aún no bien comprendidos, el Ejército Brasileño ha reali zado un esfuerzo inagotable hacia su perfeccionamiento profesional, a fin de estar permanentemente a la altura de la realidad políticoestratégica del país en el contexto internacional. Queremos todos un Ejército fuerte, bien preparado, porque creemos en el papel disuasorio de la Fuerza, pero también estamos todos comprometidos con la utopía humana de plasmar, algún día, el nuevo hombre y la nueva humanidad, cuando entonces tal vez ya no se justifiquen los conflictos entre las naciones. Cultivamos la creencia de que aunque preparándonos todos los días para la guerra, el verdadero anhelo del soldado es garantizar la Paz. Ojalá Dios nos bendiga a todos y nos oriente a concretar, algún día, este utópico mundo humano que ha sido siempre la motivación de nuestros sueños mayores – esta creencia tal vez sea nuestra mayor demostración de fe en el hecho de que hombres y mujeres constituyen, con sus talentos y defectos, la obra maestra de Dios.

 

 

 

El TCnel. Inf. DEM Humberto B. Leal, del Ejército Brasileño, es Profesor Militar Extranjero invitado a la Escuela de Comando y Estado Mayor "Dr. Manuel Enrique Araujo" de la Fuerza Armada de El Salvador. Su formación profesional incluye los siguientes cursos: de Infantería en la "Academia Militar das Agulhas Negras", de Perfeccionamiento de Oficiales; de Comando y Estado Mayor; Curso de Operaciones en la Selva; de Guía de Montaña; de Instructor Militar de Montaña (Ejército de Chile) y es Jungle Expert (título honorífico que le fue concedido por el Ejército de los Estados Unidos de América). Su última función en Brasil, en los años 9596, fue de Instructor y Jefe del Departamento de Doctrina del Centro de Instrucción de Guerra en la Selva (CIGS).